domingo, 3 de junio de 2018

El Tri de La Cofradía


Al calor de la apurada victoria de México contra Uruguay en la Copa América Centenario, Juan Carlos Osorio violó la ley no escrita del fútbol: lo que pasa en la cancha se queda en la cancha. Arrancando su rueda de prensa en el estadio de la Universidad de Phoenix, arremetió contra José María Giménez.

Pero si por el contrario, él lo entendió y decidió venir a agredirme después del juego, se lo quiero manifestar nuevamente, como se lo dije a él, es un comportamiento irrespetuoso, inapropiado de un profesional, que no solamente juega para uno de los mejores clubes del mundo, sino para una de las mejores selecciones del mundo y esos comportamientos no deben de ser aceptados en el fútbol profesional.

No entró en más detalles. Acto seguido se conectó consigo mismo usando su capacidad oratoria para mezclar fútbol y ciencia. Su escuadra había perdido una ventaja de 1-0 ante un rival con diez por la roja a Matías Vecino y solo logró recuperarla mediante un gol de Rafa Márquez tras corregir un mal control valiéndose de su mano derecha.

“En la psicología deportiva," dijo, "se habla mucho de jugar inhibidos cuando usted tiene el resultado en sus manos y eso aconteció con el equipo, le ha acontecido a muchos equipos y de élite, y por eso igualan marcadores y remontan marcadores, no hicimos ningún cambio ni se le dijo al equipo que se fuera para atrás".

El mal funcionamiento de una colectividad no solamente es estudiado por la psicología deportiva. Si bien esta puede explicarlo a través del concepto de la "inhibición", la ciencia política puede explicarlo a través del concepto de la "repatrimonialización":

Esto es, que al interior de la colectividad surja un grupo que tome las decisiones como si la colectividad misma fuera su patrimonio individual, o su coto de poder, a expensas del sentir de los demás.

"Repatrimonialización": dícese de la formación y enquistamiento de un grupito cerrado.

Mientras la psicología deportiva explica por qué un equipo juega mal un partido, la ciencia política explica por qué un equipo juega mal varios partidos. En términos futbolísticos esto último se conoce de dos formas: falta de competencia interna (José Juan Vázquez) y falta de recambio generacional (Rodolfo Pizarro).


Aunque durante la era del técnico colombiano la prensa mexicana se dividió entre el bando de sus seguidores y el bando de sus detractores, el único quien logró cambiar los términos de la discusión fue el narrador Christian Martinoli.

Lo logró lanzando al aire durante la transmisión de un amistoso molero esta expresión, "La Cofradía", la cual quita el énfasis de la figura de Osorio para ponérselo a la del grupo de jugadores:

Se supone que al conjunto representativo del fútbol mexicano deben asistir los elementos que vivan un buen momento y no aquellos que tienen una beca ganada por lo que fueron, o peor aún, por lo que siempre se ha dicho algún día podrán dar...

Desde hace un par de lustros, el Tricolor vive secuestrado internamente por una cofradía de elementos que lo único que han hecho vestidos de verde en competencias de alto calibre o frente a rivales de gran envergadura, es mostrar su ineficacia en momentos cumbre, por decirlo de manera elegante.

Llámesele "grupito" o llámesele "cofradía", la disfunción sistémica ocurre cuando el jugar para la selección responde al privilegio del pasado y no al mérito del presente.

Desafortunadamente, no fue sino hasta la eliminación en octavos de final en Rusia 2018 que la comentocracia mexicana se dio cuenta que había que poner en marcha un recambio generacional:
que había que cuestionar al grupo de futbolistas que vio desfilar directores técnicos como "Chepo", Tena, "Piojo" y Osorio, mientras ellos dormían en los laureles de los mundiales sub17, las medallas olímpicas y las experiencias europeas sin pena ni gloria. 

Una situación donde los seleccionados se seleccionan a ellos mismos es un comportamiento que no debe ser aceptado en el fútbol profesional.

Afortunadamente, la llegada de Matías Jesús Almeyda al banquillo del Tri significó el fin de la era de La Cofradía y el inicio de la era marcada por una nueva generación de jóvenes mexicanos con sed y hambre de gloria. Tras alcanzar el quinto partido en el mundial de Catar, Almeyda acalló finalmente a sus críticos y detractores de la televisión justificando el porqué la afición dejó de llamarlo Matías y empezó a decirle: "Mesías".

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