miércoles, 20 de junio de 2018

El síndrome 'Gagonega' afecta gravemente a Uruguay


 Influenciado por el 'tiki-taka', el entonces seleccionador olímpico de Argentina en 2008, Sergio 'Checho' Batista, decidió juntar hasta cinco de los llamados 'jugones' en su once inicial: Riquelme, Messi, Di María, Fernando Gago y Éver Banega.

El esquema era el famoso 4-2-3-1 y se suponía que con esa materia prima la Albiceleste golearía, gustaría y ganaría. Pues bien, solamente ganó. De golear y gustar, mejor no hablar. ¿Cuál fue entonces la causa de aquel fútbol tan paradójico, lleno de talento pero falto de conexión?

La causa fueron los dos mediocampistas centrales, Banega y Gago. Surgidos de Boca Juniors casi en temporadas consecutivas, ambos tenían las mismas características: visión de juego, precisión en el pase y gran golpeo de media distancia.

El tema fue que, siendo ellos tan similares, casi idénticos, ambos intentaban desempeñar el mismo rol sobre la misma línea y terminaban pasándose la pelota horizontalmente una y otra vez sin poder avanzar un solo palmo de terreno.

A la selección uruguaya, generación 2018, le está sucediendo lo mismo con sus jóvenes y talentosos mediocampistas, Rodrigo Bentancur de la Juventus (quien también egresó de Boca Juniors) y Matías Vecino del Inter de Milán. En los siguientes mapas de calor del 1-0 contra Arabia Saudita se aprecia cómo corren siempre por la misma zona:


En la gráfica siguiente se aprecia mejor cómo ninguno de los dos (número 6 y número 15) pudieron variar su posicionamiento, lo cual es clave ante cerrojos defensivos y lo cual también explica, por ejemplo, el valor de un mediocampista más dinámico, tipo Arturo Vidal, en el balompié europeo.

                                        
Juntar a Bentancur y a Vecino tiene su lógica si la estrategia es contragolpear. Ambos poseen las características para buscar en largo a Cavani y a Suárez. Pero si el rival obliga a Uruguay a llevar la iniciativa (como pasó con Egipto y también con los árabes), uno de los dos sale sobrando.

Por ello, Egidio Arévalo era clave para Óscar Tabárez: era un mediocampista capaz de "morder" bien arriba (una recuperación suya contra el paraguayo Néstor Ortigoza acabó en un gol de Diego Forlán cuando la Celeste salió campeona de la Copa América 2011).

¿Qué hará "El Maestro' ante el síndrome "Gagonega" que ahora padece su escuadra? 


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